Официанты Испании: «У нас профессия с повышенным риском заражения»


Испанские кафе и рестораны теперь работают с соблюдением новых мер безопасности: ограниченное число посетителей, гигиенические маски, стойки с антисептическим гелем и не больше 15 человек за одним столом. Как отмечает издание 20minutos, не только работники общепита должны соблюдать меры предосторожности, но и их клиенты. Однако официанты описывают всё происходящее одним словом — «хаос».

«Люди думают, что это какая-то шутка. Из 10 клиентов, что заходят к нам, 8 без масок. А 7 из них не моют руки антисептиком на входе», — цитирует издание официанта Дамиана из А-Коруньи. При этом самыми легкомысленными он считает пожилых людей, которые больше других рискуют в случае с COVID-19. Они, по словам официанта, вообще не пользуются масками.

Его слова подтверждает и Ноалия — официантка в ресторане в Вальядолиде. Она считает, что виноваты спиртные напитки. «Алкоголь и его эффекты приносят веселье, люди забывают об обстоятельствах и не следуют нормам», — говорит она.

Большую угрозу официанты видят в барной стойке. Её снова разрешили использовать в регионах, которые перешли в «3 фазу» снятия ограничений. Незнакомые люди подходят, стоят рядом, выпивают, потом обнимаются, говорят работники ресторанов и кафе. По их мнению, это сложно контролировать. И дело не в том, что посетители не хотят соблюдать новые правила. Они просто так привыкли, это их образ жизни.

Desde la fase 1 de la desescalda ya se permitía la reapertura de las terrazas de bares y restaurantes con aforo limitado. De hecho, España, junto a Italia, son los dos grandes países de la Unión Europea que han reabierto los bares antes que los colegios. El primer día de su apertura salieron imágenes de aglomeraciones que muestran que la gente tenía muchas ganas de volver a los bares.
Esta vuelta se enmarca dentro de la transición a «la nueva normalidad» que implica un aforo limitado, mesas separadas para mantener los dos metros de distancia de seguridad, mascarillas, dispensadores de gel, un máximo de 15 personas en una mesa (dependiendo de la fase), etc. Son muchas medidas de higiene y de seguridad que han tomado los establecimientos pero también existen medidas para los clientes.
Los camareros resumen esta vuelta con una palabra: «caos». Estos trabajadores, desde distintos puntos de España, cuentan a 20minutos sus experiencias y sus principales quejas sobre el comportamiento de los clientes. Y lo resumen en que la mascarilla no es una pulsera» o gafas de sol ni sirve para tapar la papada; los dispensadores de gel no están de decoración y no está permitido el autoservicio por mucho que pienses que el camarero «está tardando una hora» en servirte o en cobrarte.
«La gente piensa que es una broma. De cada 10 clientes que entran al local, 8 lo hacen sin mascarilla»
Damián: «Si no es por todos, de esta no salimos»
Damián, de 26 años, es un camarero que vive en la Puebla del Caramiñal, A Coruña. El joven cuenta que en este pequeño pueblo «el tema de la Covid-19 no afectó mucho». Por eso, la gente «piensa que es una broma». «Obviamente, no todos, pero de cada 10 clientes que entran al local, 8 lo hacen sin mascarilla, y 7 no se limpian las manos con el desinfectante de la entrada», critica. Añade que lo peor es que algunos «se ofenden» cuando les exige hacerlo.
«La gente mayor, que es la que tiene más riesgo, es la que más pasa del tema. Ni uno se pone la mascarilla»
Según su experiencia, Damian asegura que la «gente mayor, que es la que tiene más riesgo, es la que más pasa del tema. Ni uno se pone la mascarilla». «Familias con niños pequeños hacen más caso».
Una de las cosas que se ha llevado el coronavirus son las cartas y menús de bares y restaurantes, que han sido sustituidos por los códigos QR. Estos lo están usando los comercios de hostelería para digitalizar sus cartas de menú y asociarlas con un código. Sobre esta novedad, Damian dice que es «un chiste absoluto» porque «las empresas se han gastado el dinero para que la gente no sepa ni lo que es y quieren una carta en papel». Algo que no pueden proporcionar los locales y a los clientes les está costando adaptarse. «Si no es por todos, de esta no salimos», concluye el joven llamando a la responsabilidad,
Nohayla: «Vienen con ansia en todo»
Nohayla, de 20 años, es una joven que vive actualmente en Valladolid porque estudia y trabaja ahí de camarera en un restaurante. Como el uso de la mascarilla viene para quedarse, la joven afirma que es «horrible» trabajar con ella. «Entre el agobio y las prisas no te deja ni respirar. Además, como en hostelería tenemos que llevar el pelo recogido, estar con la mascarilla puesta 8 o 9 horas es muy incómodo». Por ello, critica que algunos clientes vayan al local sin mascarilla y las dejan «en casa» cuando no se puede mover por el local sin ella.
«El alcohol y sus efectos saca su lado alegre y se olvidan de las circunstancias y las normas que hay que seguir»
Lo que más destaca es que la gente va a los locales con «ansia en todo». «Es como si no han ido nunca a un bar. Intentas explicarle las cosas educadamente y se lo toman mal. Por ejemplo, cuando se acercan a una barra a pedir y les dices que no pueden por razones de seguridad, te contestan con un ‘es que llevo esperando un buen rato’». Añade que tampoco respetan las distancias sociales.



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